martes, 28 de septiembre de 2010

LA IDEOLOGÍA, INSTRUMENTO DE DOMINACIÓN.

De "tropique@cablenet.com.ni" <tropique@cablenet.com.ni>
Escrito por Comisión Nacional de Educación Ideológica del PCV   
En toda sociedad clasista, existe lucha entre clases dominantes y clases dominadas. La clase que ejerce su dominio material en una determinada sociedad, domina también en el plano espiritual, impone su propia ideología al resto de la sociedad, crea sus propias instituciones que le permiten sostener una situación preponderante.
³Ello se debe a que esa clase tiene a su servicio la parte fundamental de los hombres dedicados al trabajo físico y a que dispone de las instituciones ideológicas y de los medios de propaganda y difusión de sus ideas. En consonancia con sus propias concepciones que expresan a su vez sus intereses de clase, la clase dominante crea las instituciones estatales, jurídicas, etcŠ con el fin de defender sus propios intereses y aplastar a las clases enemigas².
La ideología tiene así dentro de la sociedad dividida en clases, -y ello deja ver su importancia-, el carácter de un instrumento de dominación social.
¿Cómo se manifiesta este fenómeno dentro de la sociedad capitalista?
IDEOLOGÍA DOMINANTE EN LA SOCIEDAD CAPITALISTA.
Marx y Engels prestaron particular atención a este problema de la base y la superestructura capitalista.
Al mostrarnos ³el esqueleto² económico de la sociedad burguesa, es decir, sus relaciones de producción, nos presentaron al mismo tiempo la formación social capitalista como algo vivo, ³con diversos aspectos de la vida cotidiana, con las manifestaciones sociales afectivas del antagonismo de clase propio de las relaciones de producción, con su superestructura política burguesa, destinada a salvaguardar el dominio de la clase de los capitalistas, con sus ideas burguesas de libertad, igualdadŠ con sus relaciones familiares burguesas².
Sobre la base económica del capitalismo se ha erigido la superestructura correspondiente.
Forman parte de ellas las concepciones y teorías políticas y jurídicas burguesas dominantes en la sociedad capitalista, la filosofía, la moral burguesa y el arte de la burguesía, así como las instituciones con ella congruentes; y aquí figuran también el Estado y el Derecho burgués, con sus fuerzas represivas, tribunales, cárceles, ejércitos, servicios de inteligencia y democracia burguesa que en nuestros días degenera cada vez más en fascismo; de ella forman parte igualmente los partidos políticos burgueses y otras organizaciones sociales de la clase dominante, junto con la prensa burguesa, la radio, el cine, el teatro y la iglesia.
Todas las instituciones y organizaciones, imponen la ideología burguesa a la sociedad, también a los trabajadores, defienden el régimen burgués, la propiedad y la dominación de los capitalistas, a la par que en manos de éstos sirven de instrumento para ejercer la violencia, para aplastar y oprimir a las masas trabajadoras.
DOMINACIÓN IDEOLÓGICA Y DOMINACIÓN COACTIVA.
La imposición de la clase dominante tiene dos aspectos:
1) Ideológico, la infiltración por todos los medios a su alcance de sus concepciones políticas y de todo orden al resto de la sociedad, del convencimiento de que esas concepciones son las mejores, las únicas justas y universalmente válidas;
2) otro aspecto directamente coactivo de imposición de aquellas por la fuerza a través del poder estatal y demás instituciones y organizaciones, a fin de defender sus propios intereses, de conservar su régimen de dominación.
Ambos aspectos se complementan: el Estado, las instituciones en general le aseguran a la clase dominante el prestigio ideológico sin el cual ninguna clase puede conservar por mucho tiempo su dominio.
Cuando la situación de crisis, de malestar económico y espiritual de las otras clases va minando en ellas la convicción de que las ideas propugnadas por la clase dominante son las mejores, es señal de que el régimen sostenido por esa clase toca a su fin; es el momento en que la imposición se ejerce sólo por la coacción, la represión, la violencia: el caso, como se apuntó antes, del régimen burgués que tiende a degenerar en fascismo.
IDEOLOGÍA SOCIALISTA, INSTRUMENTO DE LIBERACIÓN.
La ideología socialista se convierte así en el factor esencial para un cambio, para una transformación radical del sistema capitalista imperante.
³En contraposición a la ideología burguesa, la clase obrera crea por medio de sus propios ideólogos su ideología socialista, que expresa su situación de clase, sus intereses y objetivos; crea su propio Partido, el partido revolucionario marxista, así como otras organizaciones, con el fin de luchar contra el capitalismo, contra la base capitalista y la superestructura que le corresponde².
La ideología socialista, marxista, viene a ser la formulación científica de la necesidad del cambio arriba aludido, del carácter de la transformación que debe sufrir el sistema capitalista, por obra del proletariado, la única clase que puede realizarlo. Socialismo científico se le llama porque está basado en el análisis científico de la realidad, en las leyes objetivas de desarrollo de ésta; de allí que se convierta en el único instrumento capaz de penetrar verdaderamente la naturaleza y condiciones del cambio, por tanto de dirigir la lucha de las clases revolucionarias en el sentido justo. ³Sin teoría revolucionaria no puede haber movimiento revolucionario².
IDEOLOGÍA Y CONCIENCIA DE CLASE
Según Marx, la intervención de la ideología puede, en determinadas circunstancias, asumir hasta mayor importancia que los intereses económicos de las clases.
En el Manifiesto del Partido Comunista (1848) expresan Marx y Engels que la clase social está constituida de una manera definitiva, solamente, cuando además de desempeñar un mismo papel en la producción y de tener intereses económicos comunes, interviene la solidaridad de clase, cuyo funcionamiento supone la toma de conciencia de clase, la cual no puede obtenerse a su vez sino por la ideología de clase.
La burguesía, que en el surgimiento de la sociedad capitalista desempeñó un papel revolucionario, se ha destacado en el dominio de la ideología y esto ha despertó precozmente su conciencia de clase burguesa.
El proletariado, que comprende muy vastas masas y se encuentra en una situación de oprimido, aun psicológicamente, sólo adquiere conciencia de sí mismo por etapas. Solamente la ideología socialista lo ayuda a constituirse definitivamente en clase.
La ideología socialista no surge naturalmente de la lucha de clases por aguda que ésta sea.
Esta lucha apenas si crea en el obrero un primer agrado de conciencia espontánea ­muy ajena todavía a una ideología de clase-, que por sí misma apenas si lo conduce a un tipo de lucha reformista y no revolucionaria, o sea que lo condena a permanecer en la fase puramente económica de la lucha de clases.
La lucha económica no constituye la forma fundamental y decisiva de la lucha del proletariado.
La experiencia histórica demuestra que la clase obrera sólo puede lograr un mejoramiento radical de su situación económica, destruyendo el sistema capitalista de economía, y para ello tiene que librar una lucha política dirigida a la conquista del Poder político y su consolidación; ³la lucha política expresa los intereses vitales del proletariado y es por tanto la forma superior de la lucha de clases².
Pero estas conquistas políticas no pueden lograrse sin la consiguiente lucha ideológica, sin que la clase obrera adquiera la ideología socialista de clase, que le sirve de guía revolucionaria, para la transformación social que debe llevar a cabo.
La lucha ideológica es la palanca que transforma la lucha económica en lucha política.
Para que el proletariado sea capaz de derrocar al capitalismo, no sólo debe constituirse como clase, sino que además debe tener conciencia de sus intereses de clase cardinales.
Debe transformarse, según expresión de Marx y Engels, de clase en sí, en clase para sí, y ello sólo puede lograrse mediante la fusión de la teoría del Socialismo Científico en el movimiento obrero.
En todas las formaciones sociales más o menos complejas y sobre todo en la formación capitalista los hombres cuando entran en relación unos con otros, no tienen conciencia de cuáles son las relaciones sociales que se establecen entre ellos, de las leyes que presiden el desarrollo de esas relaciones. Le toca al Partido Comunista, como Partido del proletariado, hacer conscientes esas relaciones, transformar aquella conciencia incipiente en conciencia revolucionaria.
O sea que para que la lucha espontánea de clases se transforme en una lucha consciente, es condición indispensable que el Partido marxista infunda la ideología socialista al movimiento obrero, que el proletariado adquiera una clara conciencia de su misión histórica.


Publicada por Tribuna Popular Impresa Nº 162